El Ayuno

Mateo 9:14-15 “Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ?Porqué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus disciípulos no ayunan? Jesús les dijo: ?Acaso pueden los que están de bodas tener luto en tanto que el esposo está con ellos? El tiempo al que se refería Jesús en este versículo es ¡AHORA! El “esposo” nos ha sido quitado. Jesús ascendió al cielo y ahora es el tiempo indicado para que la Iglesia ayune en preparación para Su venida… para ¡el Día del Señor!

El ayuno refuerza e intensifica sus oraciones. Habrá tiempos en los cuales, aun habiendo pasado tiempo en oración, parece como si el cielo fuera impenetrable y que usted es incapaz de atravesarlo y recibir la respuesta que necesita. Pero cuando usted empieza a usar su poderosa arma espiritual del ayuno… cuando usted se humilla a través del ayuno y oración delante de Dios… usted será capaz de penetrar y proclamar la victoria.

Por Su Espíritu, Dios está llamando a Su pueblo a “Tocar trompeta en Sión, santificar ayuno y convocar asamblea”. (Joel 2:15)
“Santificar” significa “apartar para Dios”. Debemos estar dispuestos a apartarnos en ayuno:
➢ Para estar cerca de Dios…
➢ Para consagrarnos para la obra que Él nos ha dado para hacer.
➢ Para arrepentirnos de todo pecado y desobediencia en nuestras vidas.

El Espíritu de Dios nos está diciendo: “Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”. (Joel 2:12-13)

EL AYUNO COMIENZA CON LA ACTITUD DE SU CORAZÓN

El ayuno que agrada a Dios es el ayuno que empieza con la actitud de su corazón. En el Antiguo Testamento cuando los judíos rasgaban sus vestidos, era una señal de dolor y lamento externo. Era una costumbre para aquellos que ayunaban, y que rasgaban sus vestidos, de vestirse de cilicio y esparcir cenizas en su cabeza como signo de duelo. Es muy probable que su ayuno fuera motivado por sus emociones y no por un verdadero arrepentimiento.

Dios quiere que Su pueblo actual se vuelva a Él con todo su corazón y en ayuno. El ayuno no es solamente cuestión de no comer en un tiempo específico. Sino que implica humillarse a sí mismo delante de Dios. Implica un sincero lamento por nuestros pecados y un corazón arrepentido. Implica un deseo de desviarnos de nuestros propios caminos, de cualquier actitud equivocada, de todo pensamiento de maldad, de todo deseo impuro… todo lo que desagrada a Dios.

Mientras nos preparamos para Su venida, debemos primero fijar en nuestra mente y corazón apartar tiempos de ayuno… en los cuales lloremos delante de Él, pidiendo que nos revele todos los pecados en nuestras vidas, lamentando, confesando y arrepintiéndonos de nuestros pecados.

Entonces, Dios nos llevará a una posición de ayuno y lamento por nuestros pecados, en el cual el Espíritu nos llevará a ayunar… a llorar y clamar… por los pecados que han entrado en la Iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras naciones y por todo el mundo.